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EL DESALOJO VIOLENTO EN BAGUA SE ADELANTÓ SIN RAZÓN ALGUNA

31 de Agosto de 2009 - Prov. de Bagua - 44 visitas

(Perú 21).- Testimonios de autoridades polÍ­ticas, eclesiásticas y de Apus ponen en evidencia el inexplicable apresuramiento de la operación policial del 5 de junio pasado. Ese mismo dÍ­a, los nativos iban a abandonar la Curva del Diablo de manera pacÍ­fica.

Aquel dÍ­a, los nativos pudieron haberse ido tranquilamente, pero alguien apresuró los hechos. (Perú.21)

La reconstrucción de los hechos del dÍ­a previo al “˜Baguazo”™, ocurrido el 5 de junio pasado, permite comprender que la muerte de 24 policÍ­as y 10 nativos pudo haberse evitado, y evidencia, una vez más, que la operación policial de desalojo de la carretera Fernando Belaunde fue apresurado, poco planificado y negligente.

Autoridades polÍ­ticas, eclesiásticas y dirigentes indÍ­genas, que entre el 1 y el 4 de junio participaron en reuniones en busca de una salida pacÍ­fica al conflicto amazónico, han revelado a Perú.21 que la última de ellas, efectuada el dÍ­a 4 en la noche, pudo cambiar el rumbo de los hechos, pues allÍ­ los dirigentes nativos señalaron que podrÍ­an abandonar pacÍ­ficamente la Curva del Diablo a las 10 de la mañana del dÍ­a siguiente. Pero, como se sabe, la intervención empezó cinco horas antes, y la vÍ­a pacÍ­fica terminó convirtiéndose en un camino de sangre.

En esa reunión, realizada en la Estación 7, en el lugar denominado El Valor, a 20 minutos de Bagua, el general Javier Uribe, jefe de la IV Región Policial; el obispo de Jaén, Santiago GarcÍ­a; el alcalde provincial de Jaén, Jaime VÍ­lchez; y los apus, encabezados por Santiago Awanash, discutieron las pocas probabilidades que aún quedaban. “œEn esa reunión se dejó abierta la posibilidad de abandonar la carretera, pero sabiendo que (Awanash) no podÍ­a tomar la decisión final, le dijo al general Uribe que existÍ­a esa posibilidad”, relató el obispo GarcÍ­a.

ÚLTIMOS RECURSOS. De acuerdo con la versión del sacerdote ““que coincide con los otros testimonios recogidos”“, “œla mayor parte de los dirigentes indÍ­genas estaba por la opción de retirarse al dÍ­a siguiente, temprano”. El presidente de la región San MartÍ­n, César Villanueva ““quien ayudó en las conversaciones”“ habló esa tarde con Leandro Calvo, un dirigente indÍ­gena representativo.

“œLeandro me dijo que habÍ­a condiciones para reunirnos al dÍ­a siguiente, en Bagua, para buscar una salida. El dÍ­a 4, en la noche, acordamos encontrarnos allÍ­ para la mañana del dÍ­a 5″, manifestó, tras recordar debÍ­a viajar temprano a Bagua para finiquitar el desalojo de la carretera.

“œEsa noche busqué por todos lados comunicarme con el general Uribe, porque con él habÍ­amos conseguido la tranquilidad en San MartÍ­n, pero no habÍ­a comunicación, y *por esas cosas que suelen ocurrir, no pude hacerlo*”, agregó Villanueva.

Awanash nos dijo que en la audiencia de esa noche, “œel general Uribe me pidió que maneje la situación con inteligencia (con los pobladores nativos) porque ya habÍ­a una orden de Lima y las cosas ya estaban en otro nivel”. Según otras versiones, Uribe estuvo extraño en la reunión. “œÉl habÍ­a venido dialogando bien, pero ya se le notaba el peso de que tenÍ­a que hacerlo y dijo que esperaba órdenes de Lima, que las cosas ya no estaban en sus manos”, narró el obispo.

Pese a ello, quedaban posibilidades. Por la noche, al terminar el evento, Awanash debÍ­a volver a la Curva del Diablo para someter a consulta el desalojo. Este y Uribe, acordaron una nueva reunión para el dÍ­a siguiente, a las 10 de la mañana. “œÉl aceptó ese plazo, nos tenÍ­amos que volver a encontrar en El Reposo para que conozca nuestra decisión”, contó.

Por alguna razón, los nativos sabÍ­an que iban a retirarse, pues desde la tarde habÍ­an empezado a beber masato. Por eso, cuando Awanash pidió sus votos, la propuesta fue aprobada por mayorÍ­a y la celebración prosiguió. “œComo señal de alegrÍ­a, tomaron masato, pero no se emborracharon, eso es mentira”, dijo el obispo.

Un periodista local refirió que “œesa noche un dirigente nos llamó al diario y nos comunicó que levantaban la huelga y que al dÍ­a siguiente se retiraban a las 10″. Juan Sausa y Eder Cárdenas, de Radio Marañón, reportaron que “œ*las condiciones ya eran difÍ­ciles* para los nativos, básicamente por el tema de la alimentación”.

Mientras los nativos organizaban comisiones para conseguir camiones que al dÍ­a siguiente los sacaran del lugar, en Corral Quemado, los hombres del general Luis Muguruza se preparaban para la acción de desalojo. No se sabe si el general Uribe informó al alto mando policial y a la entonces ministra del Interior Mercedes Cabanillas que aún era posible el desalojo pacÍ­fico, pues ni este oficial quiso responder a nuestro llamado, ni el jefe de la PolicÍ­a, Miguel Hidalgo, dio cuenta del tema.

POLIC͍A SE APRESURÓ. Lo cierto es que, como reveló Perú.21 el 25 de junio pasado, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas también consideró que la PolicÍ­a se apresuró con su operación. Según el Acta de la Junta Especial de Investigación Operativa, la PolicÍ­a no esperó el despliegue de 800 militares y policÍ­as que iban camino a Bagua, procedentes de Lima, Tumbes y Chiclayo.

“œEsta consideración no fue tomada en el planeamiento realizado por la PNP (y) la fecha y hora no fue de conocimiento de los mandos militares”, decÍ­a el documento secreto. En suma, no tuvieron en cuenta las negociaciones ni las advertencias castrenses. ¿Quién presionó por el apresuramiento?

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