ENTREVISTA DE “œEL COMERCIO” A MONSEÑOR CABREJOS-PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA
“La Iglesia Católica no azuza la
violencia”
¿Qué concita la atención de la Iglesia del Perú de hoy?
La primera preocupación de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) es la evangelización, la implantación del Evangelio en el Perú de hoy. Eso es incuestionable. Pero no está desencarnada de la realidad, de los hechos. Por eso la Iglesia incursiona en la problemática de la sociedad tratando de ayudar bajo dos principios fundamentales. El primero es la encarnación, Cristo toma la naturaleza humana. La nueva Iglesia tiene que estar encarnada en la vida. El segundo se basa en que todo lo que es humano no es ajeno a la Iglesia. El Perú debe desarrollarse, crecer, las inversiones son bienvenidas con mucha responsabilidad social. Pero la Iglesia nunca se olvida de la gente más necesitada.
Ustedes priorizan a los pobres, pero también intervienen en los conflictos sociales. ¿Hay demasiados actualmente?
Son cerca de 300. En nuestro último comunicado decimos que en el Perú hay una ola de conflictos no resueltos. Por esos dos principios que le mencioné, la Iglesia quiere participar, pero positivamente, contribuyendo con la sociedad. Nos alegramos del progreso y del desarrollo, pero debe llegar a los demás para disminuir el grado de desigualdad que tenemos, no se puede negar que esta existe.
La reducción de esa brecha de desigualdad se concreta.
No serÍa radical, hay muchas empresas que tratan de cumplir con su responsabilidad social. Sin embargo, creo que esto debe ser reforzado por el Gobierno. Hay cierta lentitud, tiene que haber un esfuerzo para que se acelere la disminución del grado de desigualdad. Eso va a beneficiar al paÍs y al Gobierno.
Lo pueden criticar por enjuiciar al actual régimen.
Al contrario, es una crÍtica constructiva. Los peruanos somos todos y la Iglesia no puede estar desencarnada de la realidad.
De la Iglesia se piensa que es el mediador ideal. Cuando las cosas llegan a un atolladero los llaman. ¿Se sienten identificados con ese rol de bomberos?
Creo que sÍ, aunque no deberÍa ser de apaga incendios, sino participar más, en el buen sentido de la palabra, sin descuidar la evangelización. En los hechos ha ocurrido asÍ. Cuando el asunto de Bagua “”triste para todos”” reventó, se acudió a la Iglesia. Y me parece bien porque estamos para ayudar. Lo mismo cuando hay un problema de salud en el paÍs.
Por su participación en Bagua el ministro Pastor los trató de “œprorrevoltosos” en un foro internacional.
AhÍ está un poco la contradicción. La Iglesia está en el Perú antes de la República, el ministro sabe que no actuamos asÍ. Él tendrÍa que decir qué fue lo que sucedió. Por eso tuve que aclarar como presidente de la CEP que la Iglesia no azuza la violencia, ni puede ser responsable de un acontecimiento triste porque un sacerdote habló un poco desmesuradamente sobre la probabilidad de que existiera una fosa común; él solo estaba transmitiendo la preocupación de los pobladores. No se puede decir que él instigó a tomar la carretera Yurimaguas “”Tarapoto y menos el haber participado en los sucesos de Bagua.
Tengo entendido que el padre Mario Bartolini (sacerdote de San MartÍn), con 31 años en el Perú, le envió una carta de disculpas al presidente por si sus expresiones fueron mal entendidas.
Es verdad, ahÍ le explica la problemática que se vive en la zona y le pide disculpas.
¿El ministro Pastor le debe una satisfacción?
No ha dado una. Pero hay problemas más graves en el Perú. Hemos recibido cartas de adhesión a nuestra labor. HablarÍa bien de él si ofreciera una satisfacción porque su declaración no obedece a la realidad de los hechos.
La CEP se reunió con el presidente la semana pasada, ¿concluyeron en algo?
Fue un diálogo muy fraterno y agradable, duró dos horas. Nos juntamos 50 obispos con él y con algunos ministros que designó, entre ellos Aurelio Pastor. Nos ha escuchado y nosotros a él. Hicimos ver que la Iglesia está en los lugares más recónditos del Perú, donde no llega el militar. Concluimos que la relación de la Iglesia con el Gobierno es buena y debe seguir siéndolo, que pese a lo ocurrido la relación no se ha resquebrajado y que debemos agilizarla, tener más canales de comunicación.
Siendo la relación armónica, ¿le sorprende que no se haya incorporado a la Iglesia en la mesa de diálogo que investigará los sucesos de Bagua?
No tanto como sorpresa. La reciente resolución suprema que constituye el Grupo Nacional de Coordinación para el Desarrollo de los Pueblos Amazónicos coincide con el pronunciamiento de los obispos, donde pedÍamos que se continúe con las mesas de diálogo. Ese grupo de coordinación es una respuesta válida. No hay un reclamo por la no inclusión de la Iglesia en el grupo, aunque esta tiene experiencia de más de 2,000 años en el manejo de conflictos. El sentir de los pueblos amazónicos es que la Iglesia integre el grupo, los apus lo pidieron cuando nos reunimos con el entonces primer ministro Yehude Simon. La ven como un garante de objetividad.
¿No van a solicitar participar?
SÍ y no
¿Cómo es eso?
Si el Gobierno nos convoca, con gusto aceptamos. Si no es asÍ, la Iglesia siempre va a participar porque está al lado de las comunidades. Nosotros siempre tendremos que decir algo porque está en juego la dignidad humana, un paÍs, una nación.
No se está autoinvitando”¦
(RÍe). No, no, no. El Gobierno y la Iglesia tiene un mismo objetivo: la persona humana y el bien común. Trabajamos por lo mismo.
¿Qué lectura tiene de lo ocurrido un Bagua?
No soy un técnico, pero habiendo escuchado a Yehude Simon, que es una persona extraordinaria, me parece que falló la operación. No voy a responsabilizar a nadie, no me corresponde, pero algo pasó allÍ. Creo también que el Gobierno debió adelantarse a los acontecimientos, al conflicto. Eso falta aún. Ahora vemos que se desoyó los informes de inteligencia, eso confirma una realidad.
La violencia de los nativos en Imazita, donde murieron 24 policÍas linchados, ¿qué le indica?
La Iglesia condena esas muertes, esa forma, esa violencia. No podemos quitarle la vida a nadie.
¿Qué explicación le dan los obispos de la zona sobre lo ocurrido?
No justifican los hechos, pero explican que la gente de la zona, los sachapuyos, es guerrera. No fueron conquistados por los incas ni por los españoles. Tienen la conciencia de la tribu. Si atacan a uno, la gente se repliega y se defiende. Es una cosmovisión distinta a la que conocemos
Pero igual son asesinatos crueles”¦
Repito, no es una justificación, pero funcionan asÍ. Tienen una frase: “œLos pueblos amazónicos ya despertaron y nosotros no nos vamos a dejar vencer”. Estos elementos antropológicos hay que verlos en una mesa de diálogo.
¿Un linchamiento soporta un análisis antropológico?
No, ahÍ hubo un exceso. Además muchos de ellos han sido del Ejército, han estado en Tiwinza, saben de qué se trata. Me refiero a que en el diálogo sÍ hay que entender la antropologÍa de ellos.
¿La Conferencia Episcopal Peruana considera necesaria una mesa que investigue la verdad?
SÍ.
¿Cómo se condice con el trabajo del Poder Judicial?
Como Iglesia buscamos la verdad para que haya perdón, reconciliación y que esto nunca vuelva a repetirse. No es un asunto jurÍdico, eso tiene sus canales. La mesa debe contar con gente proba, objetiva, es por el bien del Perú. Tarde o temprano saldrá la verdad y será muy triste.
¿Los nativos están dispuestos a aceptar su responsabilidad? ¿Para qué servirÍa la mesa?
Eso lo tienen que decir ellos, es un asunto jurÍdico. Ellos dicen que les duele lo ocurrido. La mesa servirÍa para la reconciliación, pero sin el perdón esta no se da y sin justicia tampoco. No olvidemos que Dios es tremendamente justo. ServirÍa también para que nunca más vuelva a suceder. Los dirigentes de Aidesep están diciendo que si no se dialoga rápido esto se puede repetir. No está bien, tampoco se puede amenazar. En un Estado de derecho eso no es lo razonable.
El Gobierno está demorando las reuniones, los nativos se sienten “œmecidos”.
Quiero creer que la demora se debe al cambio de Gabinete. La creación del grupo de coordinación es un buen indicio y hay que saludarlo.
La policÍa ha citado a declarar al obispo José Luis Astigarraga, de Yurimaguas, por promover las protestas en la zona.
AhÍ sÍ creo que se ha exagerado.
La Iglesia privilegia el diálogo, pero a este paso viviremos de mesa en mesa.
(RÍe). SÍ y no. El diálogo como principio es fundamental. Pero ya depende de los actores que lleguemos a buen término con las negociaciones.
Las mesas de diálogo no han tenido muchos resultados concretos.
Eso está clarÍsimo, no hay necesidad de que lo diga yo. Se requiere concreción, que se concluya, habrÍa menos conflictos si hubiera efectividad. Las unidades de resolución de conflictos deberÍan estar diseñadas de manera mucho más eficiente. También las regiones deberÍan tener un mayor acercamiento con su población.
EL COMERCIO (30-08-09)
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