OTRO OBISPO CHACHAPOYANO
CAMINO A LOS ALTARES

Por:
Mons. Emiliano A. Cisneros Martínez OAR

OBISPO DE LA DIOCESIS DE CHACHAPOYAS

El próximo 31 de mayo será clausurado en Valencia (España) el proceso diocesano de canonización de monseñor Emilio Lissón Chávez, antiguo obispo de Chachapoyas. Este proceso fue abierto, con autorización de la Santa Sede, el día 20 de septiembre del año 2003. En aquella ocasión nuestra diócesis estuvo representada por el padre José Jiménez de Jubera Rubio, oar, canciller del obispado de Chachapoyas en esa fecha. Después de tres años el proceso llega a su conclusión en la etapa diocesana. Le quedará después recorrer el camino romano, o sea, continuar en la Ciudad Eterna ese recorrido, que no suele ser breve, de las diversas pruebas y exámenes a ver si lo que se pide realmente coincide con lo que la Iglesia exige para la declaración de una persona como beato y santo.

Monseñor Emilio Lissón nació en la ciudad de Arequipa el 24 de mayo del año 1872. En su juventud ingresó en la Congregación vicentina, en la que emitió los votos religiosos el año 1894, siendo ordenado de sacerdote en 1895, a los veintitrés años, en la ciudad de París, donde estaba realizando sus estudios eclesiásticos.

De regreso al Perú se dedica a la formación de los seminaristas, primero en su natal Arequipa y posteriormente en Trujillo, donde se desempeño como rector del seminario. En el desempeño de esta tarea le llega su nombramiento como obispo de Chachapoyas en el año 1909, antes de cumplir los 37 años.

Ejerce el ministerio pastoral en la diócesis de Chachapoyas, que entonces comprendía los departamentos de Amazonas y San Martín, en su totalidad, entre los años 1909 y 1918; en este año es nombrado arzobispo de Lima y se traslada a la sede primada de la capital.

Tratando de rescatar lo más relevante de su ministerio episcopal en Chachapoyas hay que referirse a su preocupación por la formación de los sacerdotes, la educación y catequesis de los niños y la promoción de los más pobres del campo y de la selva. Reconstruyó el seminario y la catedral, instaló la luz eléctrica en Chachapoyas, estableció talleres de mecánica, imprenta,  aserradero, carpintería y molino de arroz, y fundó el primer jardín de infancia. Durante su pontificado se celebraron cuatro sínodos diocesanos.

En febrero de 1918 el papa Benedicto XV le nombró arzobispo de Lima y primado del Perú. Permaneció en la arquidiócesis capitalina hasta 1931, en que por disposición superior renuncia al gobierno de dicha arquidiócesis.

Hasta su muerte que ocurre en 1961 reside en Roma y España. En este país es colaborador de obispos y atiende diócesis vacantes. Sobre todo ayuda a los obispos de Sevilla y Valencia. Como hijo de San Vicente de Paul se distingue por su amor a los más necesitados. En Sevilla las gentes más sencillas le llaman el obispo de los pobres. La fama de santidad le acompaña hasta la tumba y después de muerto.

La arquidiócesis de Valencia, en la que murió, ha iniciado el proceso de su canonización. Sus restos mortales descansan ahora en la catedral de Lima, adonde fueron trasladados en 1991 a petición de los obispos del Perú.

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